La suerte, a veces, se mueve a tu
favor y comienzas a percibir tu realidad más próxima con más claridad. No sabes
hacia donde te conducirán los actos que
realices, ni siquiera divisas el camino correcto para seguir. Simplemente sientes
que ese algo que una vez estuvo ahí,
se vuelve cada vez más invisible. No es bueno tener presente aquello que echas
de menos, no hace más que avivar ese sentimiento de añoranza del pasado. Aprendes,
aceptas que nada es fácil si no luchas por ello. Y sin querer, te encuentras
con un millón de posibilidades que esperan, en una lista imaginaria, a ser
vividas.
La humanidad del ser humano radica en sus sentimientos.
5 jul 2012
13 jun 2012
Puedes convertir ese profundo anhelo en una
adicción, un ansia que te va consumiendo por dentro. Te conviertes en una
persona adicta a una tristeza que finge estar preparada para todo. Cara al mundo
estás llena de energía, tus fuerzas no permitirán que te derrumbes fácilmente y
el resto de los placeres de la vida, te animan a continuar. Pero esta adicción
te quema, se expande, llega a todas las partes de tu ser, sin embargo, te
gusta, la recibes con los brazos abiertos e incluso la buscas en los momentos
de soledad. No quieres que desaparezca, comienzas a sentir como se apodera de
ti, de tus pensamientos, la esperas, la aceptas, la quieres.
30 may 2012
Olvídate de mi
Por naturaleza, las personas actuamos
de acuerdo a aquello que nos interesa. No existen personas desinteresadas,
tampoco actos desinteresados…Incluso estos últimos, se realizan con un interés
indirecto de satisfacer a un tercero. Entonces me pregunto ¿está mal buscar el
propio interés? La primera respuesta moral que acude a mi cabeza, me dice que
sí, siempre que un tercero salga dañado. ¿Pero y si es realmente necesario conseguir
ese beneficio? ¿Y si se trata, de ser más persona? Ahora me hago un lío, buceo
entre pensamientos que vienen de todas direcciones intentando encontrar un
argumento que me permita actuar.
Tal vez la respuesta correcta se
encuentra en el equilibrio, tal vez se puede llegar a un acuerdo que permita el
intercambio de intereses (me das te doy), tal vez, es posible evitar el daño. Sin
embargo, a veces encontramos la solución cuando el nudo está demasiado apretado
y la dificultad para deshacerlo es mayor.
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