Puedes convertir ese profundo anhelo en una
adicción, un ansia que te va consumiendo por dentro. Te conviertes en una
persona adicta a una tristeza que finge estar preparada para todo. Cara al mundo
estás llena de energía, tus fuerzas no permitirán que te derrumbes fácilmente y
el resto de los placeres de la vida, te animan a continuar. Pero esta adicción
te quema, se expande, llega a todas las partes de tu ser, sin embargo, te
gusta, la recibes con los brazos abiertos e incluso la buscas en los momentos
de soledad. No quieres que desaparezca, comienzas a sentir como se apodera de
ti, de tus pensamientos, la esperas, la aceptas, la quieres.