La humanidad del ser humano radica en sus sentimientos.



5 sept 2011

Una de tantas

Maurelle casi nunca lo decía, pero adoraba las vistas a un cielo despejado una noche de agosto, casi tanto como el aroma del Galán de noche del vecino. Ansiaba poder alcanzar las estrellas en una nube con ese olor tan dulce. Así era Maurelle. Nadie podía contener sus rápidas soluciones sin pensar y su peculiar forma de ver la vida, no pasaba de inadvertida.
Esperando encontrarse a su príncipe verde a la vuelta de la esquina, Maurelle vivía entre imaginaciones y sueños, un mundo utópico que la hacía verse rodeada de la cruel realidad. Por eso no contaba a nadie sus más profundos pensamientos, se los guardaba para ella, de esa forma, nadie jamás podría hacerle daño. Porque Maurelle solo quería sentirse protegida, su máximo anhelo era que alguien la protegiera del dolor.