Y allí estaba él, esperando en ese paseo abarrotado de gente, dando vueltas alrededor de sí mismo, buscando unos rizos en el horizonte. La ebriedad fue testigo de su locura y el corazón de ella, dio un vuelvo cuando encontró ese mar verde que mantenía en calma sus instintos.
La orilla les acogió con su suave vaivén, escondiendo los pecados que nacían de esos dos cuerpos. Jamás nadie había hecho tal cosa por estar con ella, no supo ver lo que realmente tenía… ¿Y si hubiera cambiado la respuesta?