A todos nos gusta creer que llevamos las riendas de nuestras vidas, pero la verdad es que la idea de que podemos controlar nuestro destino es una ilusión. Puedes elegir amigos leales, el trabajo de tus sueños, el amor verdadero… pero al final del día, nuestro destino está decidido por nosotros y todo lo que podemos hacer es esperar tener la fuerza suficiente para afrontar lo que nos depara.