Yo solía ser indiferente, una presencia no cambiaba el ritmo de mi órgano vital, ni siquiera afectaba a la velocidad del reloj. Ahora encojo los dedos de mis pies, soportando el eco de la derrota aproximándose desde el piso de abajo.
Intento auto convencerme, crear una fibra de fe en mi interior para no caer en la rutina del recuerdo. Realmente sigo esperando un billete para viajar en el tiempo, poder transportarme a un momento mejor. Sin embargo, las pequeñas dichas del camino, acomodan la dura estancia del presente, me ayudan a no condicionar mi existencia. Pero…¿debo mantenerme en vilo sin disfrutar del paisaje o no rendirme y agotar las pocas fuerzas que perduran?
Atentamente, alguien que no quiere aceptar la realidad.