No hay nada más apetecible que algo prohibido, esa fruta no permitida que te vuelve loco. Intentas luchar contra ella, ahogas tus deseos en profundos posos de vino. Te detienes, recapacitas, pero no encuentras el sentido a esta contención, ¿lo ves? Dios, te quema, las yemas de tus dedos gotean cada vez más, tus sentidos se nublan como si de un puerto de montaña se trataran. Locuras desinhibidas que salen a flote y te sorprenden poco a poco. Sabes que la restricción sigue ahí, eres consciente. Pero eso no te detiene, ¿verdad?
La represión nunca ha tenido un significado bueno en la historia, ¿acaso lo tiene ahora? Sigamos retorciéndonos entre metros de tela, tapando nuestros pudores y escapando de la tensión. Corre, escapa antes de que sea tarde. CORRE. CORRE. CORRE.